El perro ladra

Sí señor, es lo que tienen los perros, ¡que ladran! ¡Qué importante es tener presente que es una de las formas de comunicarse! Sobre todo con nosotros que no les dejamos muchas veces más opción, ya que no solemos entender su lenguaje corporal y ni de casualidad su comunicación olfativa. Sí, has leído bien, comunicación olfativa. Resulta que la forma más importante que tienen de comunicarse entre ellos es a través de su extensísimo y desconocido para nosotros mundo olfativo. La más conocida es el marcaje con la orina que, lejos de indicar dominancia como muchas veces se oye en los parques, lo usan a veces para orientarse o simplemente para decir, “vecinos y amigos perros, he estado aquí y así me encuentro/siento”. Resulta que cada emoción, estado de salud, etc segregan combinaciones diferentes de hormonas que ellos huelen en la orina, o al saludarse oliéndose el ano, por ejemplo. Como digo es un mundo muy extenso y bastante desconocido por nosotros dada la gran diferencia de órgano olfativo entre el perro y el humano. La siguiente forma de comunicación más importante, que usan a nivel visual, es la expresión corporal. A través de su posición y movimiento comunican cómo se sienten ante cada situación. Como detalles a tener en cuenta a parte de la posición general del cuerpo son: el rabo, las orejas, la boca, los ojos…. Existe una serie de movimientos llamados “señales de calma”, observados y datados por la educadora canina Turid Rugaas, del cual hay un libro que considero de lectura obligatoria (+ info click aquí). Conocer un mínimo de cómo se comunican es, valga la redundancia, lo mínimo que podemos hacer para entendernos y comunicarnos en nuestra convivencia. Por último usan su voz cuando lo sienten necesario para comunicar algo. Es como subrayar el mensaje que están dando también en los otros niveles o formas de comunicación.

 

Cada ladrido esconde una emoción, pueden  aprender a gestionarlas, pero no elegirlas

 

Los diferentes ladridos

 

A continuación voy a nombrar los diferentes tipos de ladridos, cómo poder identificarlos a través del sonido, de la expresión corporal y nombrando alguno de los contextos clásicos en los que se suelen dar. Nombraré las emociones que pueden esconderse detrás de cada tipo, el por qué y para qué puede que lo estén haciendo, cuáles pueden ser los efectos de castigarlos y qué podemos hacer ante cada uno.

 

El ladrido de aviso

 

Sonido: Corto, penetrante y grave. Es algo así como un “Buf” sin abrir apenas la boca dejando que el sonido salga con el impulso del aire entre los belfos. Normalmente lo emiten una o dos veces y puede ser que preceda a un ladrido más escandaloso dependiendo de la emoción que genere el contexto que ha provocado la alerta en él.

 

Lenguaje corporal: Mirando hacia lo que provocó la alerta, quieto y atento. Depende del contexto puede huir o ir a defender y/o guardar. Si pasados unos segundos percibe que no es peligroso lo que lo alarmó continuará con lo que estaba (Oliendo, durmiendo, comiendo…) O quizá se acerque a echar un vistazo tranquilamente para curiosear.

 

Contexto: Para mí el típico es cuando está durmiendo en casa y escucha algún sonido que no identifica al otro lado de la puerta de la calle. Levantan la cabeza mirando a la puerta y hacen “Buf”, lo que continúe dependerá de lo “amenazante” que le resulte el sonido.

 

Por qué, para qué y emoción: Este recurso es probablemente el primer recurso que le valió al ser humano nómada para empezar a integrar perros en sus grupos. El animal simplemente da la señal al grupo de que algo que le resulta amenazante está sucediendo. Lo hacen con la intención de protegerse y proteger su grupo y/o espacio. Con este sonido alertan al resto para disponerse a huir o defender. La emoción puede definirse como un miedo ligero que sólo provoca atención o sorpresa.

 

¿Tiene sentido castigarlo? No. Posibles efectos de hacerlo: En su caso lo único que podría resultar es que le demos una razón añadida para ponerse nervioso ante lo que le ha provocado la alarma al ver que nosotros también reaccionamos al estímulo.

 

¿Qué podemos hacer? Actuar con normalidad continuando con lo que hacíamos para que, cuando nos mire buscando referencias, vea que para nosotros eso no tiene nada de peligroso. Como dije este sonido no suelen repetirlo más de una vez ni es escandaloso, así que tampoco debería de molestarnos.

 

Cuando un perro dice algo, es que necesita decirlo.

 

El ladrido de guarda

 

Sonido: Es un ladrido breve, profundo y probablemente se combine con algunos gruñidos. Depende del grado de miedo que sienta puede ser más agudo y parecerse al ladrido de miedo.

Lenguaje corporal: Ladran enfocados hacia lo que les resulta amenazante, abalanzándose para ahuyentarlo y protegerse a sí mismo y/o a su grupo y/o espacio. Se suele malinterpretar como agresividad, es una actitud con la que tratan de mostrarse peligrosos, pero no por eso el perro es agresivo. Recordemos que ellos tratan de proteger porque sienten que lo necesitan hacer, la intención no es de hacer daño, si no defender.

 

Contexto: Todo aquel en el que el perro trate de interponerse entre su grupo y una amenaza externa o aquello a lo que le teme tanto que necesita defenderse. El contexto que podemos ver fácilmente es el del perro que le ladra y gruñe a los monopatines cuando se le acercan de frente por la misma acera o quizá el que se lanza a la puerta al escuchar el timbre.

 

Por qué, para qué y emoción: Lo hacen porque están asustados y para que lo que le asusta se vaya. La emoción que mueve este comportamiento es el miedo.

 

¿Tiene sentido castigarlo? No. La gente lo castiga por miedo a que el perro muerda o por impotencia por no saber cómo gestionar esta actitud, definitivamente por la mala interpretación de agresividad que se le atribuye.

 

Posibles efectos de hacerlo: Si el animal ya está asustado, lo único que hacemos es darle una razón más para sentirse inseguro y ponerlo más nervioso. Con lo cual tendrá más razones para creer que tiene que defenderse y empezará a hacerlo apenas la situación empiece a parecerse a la que ya le ha dado miedo en ocasiones anteriores.

 

¿Qué podemos hacer? Depende qué sienta el animal que debe defenderse con ese miedo y de cada contexto se tratará de una manera u otra. En primer lugar lo más sensato es evitar todo lo posible poner al perro en esas situaciones que le provocan esta reacción. Si eres tú el causante de esa reacción simplemente aléjate. Es también muy importante mantenernos calmados y no empeorar la situación con nuestros nervios o malestar por los ladridos. Por otro lado podemos adelantarnos a la situación, existen señales en el perro que indican que algo le está estresando o con lo que se siente inseguro. Podemos aprender a “leer” estos signos y adelantarnos a la reacción del perro sacándolo o evitando la situación. Hay varias técnicas que se pueden usar para enseñarle a gestionar esas situaciones sin miedo o alarma que dependerán de cada caso.

 

Los humanos castigamos a los perros (y a los niños) cuando no entendemos el origen del comportamiento y nos resulta molesto o peligroso. Es la impotencia de no saber gestionar y controlar la situación lo que nos enfada hasta llegar a ese punto de gritarle o incluso pegarle.

 

Ladrido de miedo

 

Sonido: Tiene un tono alto de volumen y agudo, pues el fin es ser escuchado y obtener ayuda. Lo emiten en series largas y suele terminar en un aullido de auxilio. Es un ladrido en el que se puede “escuchar el miedo”.

 

Lenguaje corporal: Hay varios niveles de miedo y depende del nivel su expresión corporal será más leve o más intensa. El animal estará activo físicamente a causa del estrés provocado por el miedo, no le resulta posible quedarse quieto ya que sus músculos están cargados de adrenalina para poder huir o enfrentarse a la situación. Tratará de escapar de la situación, el cuerpo lo tendrá como encogido y rígido y, muy probablemente, el rabo metido entre las patas.

 

Contexto: Un caso típico de miedo en perros, es el del perro que le da miedo quedarse solo en casa. Ladra y aúlla pidiendo auxilio, trata de salir del lugar en el que se encuentra peligrosamente sólo para encontrarse con el grupo familiar en el que se siente más protegido. A causa de la adrenalina no puede parar quieto y es normal que muerdan cosas buscando alivio y descargar ese torrente de adrenalina. Debido a esto también es por lo que no pueden controlar los esfínteres y pueden orinar o defecar sin control posible.

 

Por qué, para qué y emoción: Porque lo que está pasando lo sienten peligroso. Ladran para pedir auxilio y la emoción no es otra que el miedo y sólo miedo.

 

¿Tiene sentido castigarlo? No. Posibles efectos de hacerlo: Si tenemos miedo y nuestro referente de confianza se enfada y nos grita…. ¿Qué nos queda? Castigar este ladrido sólo sirve para aumentar el miedo.

 

¿Qué podemos hacer? Depende del grado de miedo y de la situación podremos hacer diferentes cosas, como en el ladrido de guarda, lo primero es evitar poner al perro en la situación que le genera miedo.  Si estamos ya en la situación o no podemos evitarla, lo que mejor que podemos hacer nosotros es mantener la calma. Seamos conscientes de que ellos buscan referencia alrededor, si ellos nos miran y nos perciben nerviosos, tendrán una confirmación de que algo malo está pasando. Lo ideal es ser comprensivos, estar ahí para dar apoyo emocional pero sin alimentar el nerviosismo y el miedo y acompañarlo a gestionar y confiar poco a poco esa situación.

 

Una emoción no es un comportamiento, no se puede decidir sobre ella, por lo tanto no tiene sentido premiar o castigar.

 

Ladrido de excitación

 

Sonido: Es un sonido alto y agudo. Algunos perros intercalan pequeños grititos o gemidos entre los ladridos. Es un ladrido más o menos constante o en series y pausas muy pequeñas. A veces se puede confundir sonoramente al ladrido del miedo, pero no tiene ese “miedo” en la voz que se percibe en éste.

 

Lenguaje corporal: Estará en continuo movimiento dad la excitación de la situación. El rabo y el cuarto trasero irán de un lado al otro en un movimiento de cuerpo entero. Puede que en la emoción salten, giren, corran o cojan cosas en la boca. Sus músculos están llenos de adrenalina y no podemos pedirle que estén quietos, ¡no pueden! Si les obligamos a estar quietos con la correa puede que empiecen a morderla o morder los pantalones de quien está al lado. Si se le pide sentarse o tumbarse puede que bostece o gima para calmar la situación.

 

Contexto: Cuando llegamos a casa después de unas horas sólo, cuando agarramos la correa del paseo…

 

Por qué, para qué y emoción: Porque sienten alegría, para expresarla y canalizarla. Su emoción es alegría, excitación.

 

¿Tiene sentido castigarlo? ¡No tiene sentido castigar la alegría! Posibles efectos de hacerlo: Frustración y mala gestión de su excitación.

 

¿Qué podemos hacer? En primer lugar yo recalcaría la importancia de ser un referente de tranquilidad, por supuesto que podemos experimentar y mostrar alegría, pero seamos conscientes de que gritarle y hablarle al perro en tonos agudos sólo lo excita mucho más. También es importante pedirle a las personas de nuestro alrededor que no “suban” al perro hablándole con grititos o haciéndoles muchas fiestas, especialmente si esto después lleva al perro a hacer cosas que no nos gustan o desagradan. Una vez revolucionado nos toca tener paciencia y esperar a que se le pase. Por supuesto no es su culpa y no merece ser gritado o exigirle que se tranquilice, además de que por una cuestión fisiológica no puede hacerlo. Lo ideal es llevar estas situaciones con lo que yo denomino “serena alegría”, se puede estar contento y tranquilo y esto es lo ideal para acompañar a los perros a gestionar la alegría y la excitación de una manera “más sana”. También es importante ser comprensivos y tener un poco de paciencia, dejar que se le vaya pasando “el subidón”. En el caso de excesivos ladridos molestos podremos enseñarle algún comportamiento incompatible y que precise movimiento, como ir a buscar un juguete cuando llegamos a casa o para salir a la calle.

 

Necesitan ser escuchados. Podemos aprender a comunicarnos entendiendo qué nos quieren decir y sabiendo gestionar sus necesidades. Siempre encontrando un equilibrio entre las de ellos y las nuestras.

Ladrido de frustración

 

Sonido: Sucesiones largas y monótonas de ladridos en un mismo tono que, a veces, pueden terminar en aullido y seguido de otro ladrido. Es un ladrido muy triste.

 

Lenguaje corporal y contexto:  Dependerá del contexto, suelen ser animales que están encerrados, atados o aislados de los demás. Pueden presentar otras estereotipias como lamerse continuamente, perseguirse el rabo, morder cosas…

 

Para qué, por qué y emoción: Estos comportamientos repetitivos segregan en el animal algunas hormonas del placer que les ayudan a sobrevivir a la situación de vida que tienen en ese momento. Este animal puede sentir tristeza, soledad, hambre y siempre hay de fondo estrés crónico.

 

¿Tiene sentido castigarlo? ¿Qué podemos hacer? No, lo único que tiene sentido es cambiar su vida.

 

Ladrido aprendido

 

Sonido: Alto y corto, en series con pausas.

 

Lenguaje corporal y contexto: Ladra varias veces y hace una pausa para mirar a su alrededor. Si está en el jardín y pasa alguien le ladra y mira hacia la casa esperando la voz que le grita siempre, que para él es el refuerzo para seguir haciendo este “trabajo”.  El perro deja de ladrar cuando escucha la voz, pero después sigue ladrando y aprendió a obtener atención así. A veces es ladrido aprendido el del perro que ladra a otros en la calle, sabremos identificarlo porque tras una breve serie para y mira alrededor o a nosotros buscando la atención que se le suele dar.

 

Para qué, por qué y emoción: Para llamar la atención, es algo que le hemos enseñado nosotros quizá inconscientemente y lo hace para obtener lo que siempre le ofrecemos tras este comportamiento.

 

¿Tiene sentido castigarlo? No, esto sería otro tipo de atención, con lo cual sólo usaríamos algo desagradable para seguir reforzando el comportamiento.

 

¿Qué podemos hacer? Durante un tiempo lo ideal sería evitar el contexto en el que el animal tiene este comportamiento. Depende de qué tipo de ladrido sea se trabajará de forma diferente. A veces en situaciones muy leves basta con dejar de darle atenciones. Otras veces podemos “normalizar” estas situaciones y cambiarle la asociación a “no hay nada que tenga que hacer”.

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Bibliografía: ¿Qué puedo hacer cuando mi perro...ladra? EL ladrido: la voz de un lenguaje. Turid Rugaas