Protección de recursos y sus interpretaciones

En las últimas conversaciones que he tenido con personas que me he ido encontrando por el camino, veo que el concepto de dominancia que predomina sobre los perros sigue siendo el de que “él tiene que saber quién manda, no puedo permitirle ciertos comportamientos”. Nombraré un clásico, pegarle si nos gruñe al intentar quitarle algo tan valioso para ellos en la mayoría de los casos como un hueso que le hemos dado. ¿Para qué? Para que entienda quién manda y que yo soy el que decido sobre todas sus cosas. A mi parecer, esto sólo crea una falta de confianza en el humano y una sensación de falta de libertad para el perro que poco va a ayudar en nuestra relación y en su equilibrio. Me pregunto qué necesidad tenemos de regalarle un juguete a un niño y seguidamente, mientras disfruta su tesoro recién adquirido, arrebatárselo de las manos y decirle “es mío”, ¿será que el niño intenta dominarnos al intentar recuperarlo, por enfadarse por el deseo de seguir jugando o por mostrar una emoción de frustración? Somos racionales y emocionales y tampoco podemos elegir las emociones, las emociones suceden sin una elección previa. Sí podemos, a diferencia de animales, reconducir o canalizar esa emoción de una manera eficiente, siempre y cuando tengamos cierta madurez emocional la cual no está muy desarrollada que digamos en el ser humano y no podemos pretenderlo en los animales. Otro ejemplo de parque con el que me he encontrado recientemente es el de llevar al perro al veterinario y que éste le pegue con la mano en el hocico por mostrar una “conducta inadecuada”,  ¿acaso puedo permitirle a un médico que me pegue o se enfade  por mostrar un estado de nerviosismo o miedo, ¡¡porque no se me puede permitir esas conductas!!? Sin querer ofender con las comparaciones entre humanos y perros. Siento que sí las hacemos a la hora de atribuir intenciones a los perros en el momento de pensar que nos quieren dominar al intentar proteger algo valioso para ellos y que la necesidad de sentir que controlamos y dominamos a los animales que conviven con nosotros es, en la mayoría de los casos, nuestra. Igual que a los niños le enseñamos a compartir, y no con todos es fácil, requiere paciencia y tiempo, a los perros podemos enseñarles a entregar algo cuando se les pide, si lo hacemos bien nos lo darán porque saben que tendrán una recompensa por ello y lo más importante, ¡porque les enseñamos a confiar en nosotros! De esta manera, le damos la sensación de que ellos eligen qué hacer, tendremos ambos el tesoro de la confianza el uno en el otro y no jugaremos con  la posibilidad de que proteja con más intensidad  su juguete, hueso o comida con nosotros, con algún conocido o desconocido o incluso con los niños que convivan. Si no es por dominarnos e intentar decirnos que ellos son los que mandan, ¿porqué nos gruñen cuando queremos quitarle algo que les gusta mucho? Pensemos por un momento en su instinto de supervivencia. Para ellos todo lo que sea alimento es un recurso primario, lo necesitan para sobrevivir. Nosotros podemos saber que mañana no nos va a faltar la comida, podemos elegir el momento en el que comemos cuando sentimos hambre. Ellos sólo pueden comer cuando se les ofrece el momento, no tienen la certeza de volver a comer. ¿No es normal que algo que les garantiza la supervivencia lo protejan literalmente como si se jugaran la vida? Sus prioridades son sobrevivir, evitar conflictos, confiar y colaborar con su grupo humano y/o animal.

Intentemos ver su posible interpretación de las cosas; no atribuirles emociones y razones que tendríamos los humanos. Procuremos informarnos, conocerlos más si convivimos o pensamos convivir con algún animal. Instalar un vínculo de confianza, de colaboración, compartir y conocernos para entendernos y respetarnos.

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